La autoficción ese género tramposo
Siempre ha existido la autoficción como género literario. Usarse a sí mismo o ficcionar hechos personales como forma narrativa. La diferencia actual es que los autores ya no se sienten condicionados o autolimitados por la definición.
Podría decirse de forma positiva que la autoficción sirve para subrayar, enfatizar el aspecto literario de lo que se cuenta. Que es más importante cómo se narra que lo que se narra.
Pero también es una forma de ocultación personal estratégica para poder decir que en realidad lo que se cuenta no es real y que todo parecido con la realidad es casual. Es una maniobra que se ha convertido en un juego para los escritores. Es un mostrar y ocultar. Es disfrazarse.
También es un fracaso de la narrativa como ficción. Ya no podemos inventarnos historias. Solo somos capaces de recrear el yo, en una especie de onanismo mental limitativo.
Hay muchos autores (algunos muy famosos) que practican esta modalidad no declarada: Philip Roth (USA 1933-2018), Paul Auster (USA 1947), Enrique Vila-Matas (España 1948), etc.
En este blog trataré poco la autoficción por su componente tramposo. Por su deliberada intención engañosa. Aunque es cierto que las propias autobiografías o memorias también son de alguna manera autoficción.



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