Los falsos recuerdos y la memoria de los testigos judiciales


Recursos:
_entrevista a Elizabeth Loftus (2017)
https://elpais.com/elpais/2017/03/13/eps/1489405172_148940.html
_conferencia de Scott Fraser (2012)
https://www.ted.com/talks/scott_fraser_the_problem_with_eyewitness_testimony/transcript?language=es
_BBC (2013) “El primer condenado a muerte que se salvó por su ADN” https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/11/131119_eeuu_bloodsworth_callejon_muerte_adn_tsb

Es curioso cómo la matemática y psicológa estadounidense Elizabeth Loftus (Los Angeles, 1944) habla por una parte de los “recuerdos falsos” una especialidad en la que es una experta mundial y en la que encontrará muchísimas dificultades de todo tipo, porque la gente no quiere oír que es mentirosa, sobre todo en temas personales muy delicados y de juicios legales por abusos. Pero además, también habla de la posibilidad de que las personas pudieran eliminar (si quisieran y si se pudiera) recuerdos traumáticos negativos, y todas esas personas responden de forma sorprendente que no los borrarían (Loftus, 2017). Yo creo que la razón es porque sentimos que nuestra memoria es nuestra identidad. Lo malo es que nuestra identidad, si es que la identidad es la memoria; es fantasiosa, falible e irreal.

Respecto a los factores que afectan a la construcción específica de los “recuerdos falsos” concretos (como narraciones aisladas), podría decirse en primer lugar la memoria no es una copia fiel de la realidad, ya que se construye y elabora teniendo en cuenta diferentes aspectos que pueden desfigurarla. La persona selecciona partes de lo que vive y lo reelabora de acuerdo con sus conocimientos, rellenando los huecos. Somos sensibles a factores externos e internos: condiciones físicas del propio hecho: lugar, luz, distancia, etc., formación académica o laboral y prejuicios personales, estado de ánimo, las otras personas… todo ello puede borrar y sustituir el recuerdo propio, o que se solapen varias interpretaciones, o que finalmente se proyecte una visión sesgada de lo ocurrido.

En la percepción de los sucesos intervienen diferentes sistemas de memoria que crean una narración. La agregación de información exterior, quizá falsa (=efecto de la información engañosa) o la simple “información postsuceso” de otras fuentes (personas, prensa, policía, etc.) puede modificar el relato original de forma insconsciente.

En ocasiones y sobre todo en los recuerdos biográficos infantiles resulta bastante fácil convencer a una persona de ser la protagonista de determinados sucesos que no han tenido lugar. Lo que cuentan personas de confianza (o incluso extraños) sobre anécdotas y historias que nos involucran y parecen coherentes pasa a formar parte de los recuerdos propios siendo casi imposible comprobar su veracidad, con lo que se crean recuerdos falsos.

Ruiz-Vargas (2010) en su libro “Manual de Psicología de la memoria” dedica todo el capítulo 9 a las “Memorias falsas” señalando que desde los años 90 han proliferado las denuncias por sucesos ocurridos y olvidados de la infancia que fueron recordados por terapias controvertidas y han dado lugar a juicios millonarios. Seguramente por ello, han proliferado los estudios sobre este tema, que, sin embargo, ya había sido estudiado desde por lo menos A. Binet (finales siglo XIX). En la actualidad todavía no hay unificación de criterios: cada investigación aporta matices diferentes al hecho del recuerdo falso: Loftus acuña el término “paradigma de la desinformación” a la entrada de información engañosa en el sujeto. Marcia Johnson usa el marco teórico (muy amplio) de “motorización de las fuentes”, o el paradigma Deese-Roediger-McDermott (o DRM) entre otros.

La memoria
Para reducir su complejidad, hoy en día la memoria de entiende como un conjunto de diversos sistemas que engloban diferentes funciones y tareas. De una forma muy simplificada se podría decir que la memoria se compone de tres boques o edificios con pasadizos entre ellos: el estímulo, la información, lo que se percibe, que sería  1) la memoria sensorial, luego pasa a 2) la memoria de trabajo (también memoria a corto plazo MCP) y termina en 3) La memoria a largo plazo MLP (que vuelve al bloque dos si es requerida). Cada uno de ellos con diferentes componentes actuantes. Si se usara la analogía del ordenador podríamos decir: que el cerebro es la CPU, lo que escribimos=la percepciones, la memoria a corto plazo=memoria RAM, la memoria a largo plazo=disco duro, así como todos los programas y aplicaciones que serían los subsistemas de la memoria.

En los sistemas de memoria que contribuyen a producir los falsos recuerdos se podría mencionar en primer lugar: Percibimos el suceso exterior con 1) la memoria sensorial. Básicamente la vista (memoria icónica) y el oído (memoria ecoica). Es obvio que nuestra vista y nuestro oído pueden engañarnos; por falta de luz, de visión, por ruido, por distracción, etc. En el siguiente paso 2) la memoria de trabajo, se codifica, se interpreta lo vivido de acuerdo con la idiosincrasia del individuo. Esta memoria de trabajo, que tiene limitaciones, se subdivide en a) el ejecutivo central, b) el bucle articulatorio y c) la agenda visoespacial. El ejecutivo central delega en el bucle articulatorio la información verbal a retener y en la agenda visoespacial la imágenes visuales. El ejecutivo central está además relacionado con la atención. Si en un primer momento la entrada de datos es equivocada por la vista o el oído, la memoria de trabajo difícilmente estará en condiciones de solucionarlo. Además la MCP se protege de forma institiva frente a estímulos que considera excesivos inhibiendose o se distrae con facilidad. Así pues, si una información llega finalmente a la memoria a largo plazo (y dentro de ella la memoria episódica* y la biografía –nuestra vida como una novela-), y esa información es corrupta de entrada y no se ha visto modificada por aclaraciones, formas de recontemplar el hecho desde otras perspectivas, sino al contrario, se ha visto reforzada en sus aspectos más nefastos, será casi imposible remover ese recuerdo falso.

 (*) la memoria episódica es frágil porque contiene lo repetitivo y olvidable. Aunque los hechos singulares permanecen.

Antecedentes
Desde el siglo XX existen dos grandes tradiciones en el estudio de la memoria: la asociacionista y la constructivista. La primera fue la asociacionista cuyo principal impulsor fue el alemán H. Ebbinghaus (1850-1909), y fue importante hasta mediados del siglo pasado, vinculada a los enfoques funcionalistas y asociacionista estímulo-respuesta. Considera la memoria como un archivo copia de la realidad, que se enriquece con la acumulación y aprendizajes. La consolidación se debe a las leyes asociativas. Rompe con  la introspección como método, y utiliza como sistema cientifico listas de sílabas sin sentido a memorizar.  El sujeto es pasivo. A pesar de sus limitaciones supuso un gran avance en su momento.

La segunda fue la constructivista o cognitivista y su impulsor fue el inglés F. Barlett (1886-1969) que se impondría después de 1950. Rompe con la idea de memoria=copia exacta. La memoria es un proceso dinámico. El sujeto es activo.

De una forma extrema la primera opción nos lleva a una simplificación erronéa y la segunda nos llevaría a una complejidad inabordable. Nos encontramos actualmente en una evolución de la psicología cognitivista.

Desde el asociacionismo, los falsos recuerdos no tendrían cabida, ya que lo que recordamos es lo real. Hay también una memoria de la que no somos conscientes. Pero podría haber “olvido”. Simplemente no lo recordamos. Evidentemente este enfoque no nos ayudaría con los falsos recuerdos.

Sin embargo, y aunque no figura en los textos propuestos: si la teoría asociacionista fuera cierta de una forma profunda. Es decir, si en el subconsciente sobreviviera una versión no corrupta de lo ocurrido habría la posibilidad de extraerlo desde la hipnosis. Pero, se nos dice que los experimentos con hipnosis no han sido fructíferos.

Desde el cognitivismo, en cambio, la presencia de los recuerdos falsos se consideraría inevitable, como demuestra el método de la “reproducción serial” (el tiempo, el paso de una persona a otra, la internalización del hecho, la expectativas… todo contribuye a cambiar lo recordado). Por lo que sería la más adecuada de entre las dos escuelas para dar una posible explicación a los recuerdos falsos.

La psicología cognitivista actual se aleja de la extrema complejidad de Bartlett y acota sus límites, dejando atrás también las influencias “conductistas” de la segunda generación en boga hace unas décadas. Adopta la exitosa analogía de memoria-ordenador, más en un sentido de proceso que de almacenaje. Desde luego, el ejemplo de la computadora no sería el ideal para hablar de falsos recuerdos, pero desde el “presupuesto restrictivo” se asume que las personas “tienen limitaciones en su capacidad de procesar información” (Sáiz Roca, 2008, p. 88).

Memoria de testigos
El libro “Memoria” (Eysenck,  2015) dedica todo el capítulo 12 al “Testimonio de testigos” que ilustra perfectamente los contenidos de las tres preguntas de esta segunda parte.

En el proceso de identificación de una persona que reconocemos con posterioridad al hecho/lugar dónde la hemos visto, interviene toda la memoria, sobre todo porque muchas veces ha pasado largo tiempo entre las dos situaciones. Pero en el caso que nos es presentado por Scott Fraser los testigos prestan declaración al día siguiente. Es decir, un espacio de tiempo breve. Pueden traer a la memoria sensaciones muy próximas e intensas. Traumáticas. Recuperan la experiencia y la administran desde la memoria de trabajo o memoria a corto plazo donde persiste la memoria sensorial (ha pasado un día). El ejecutivo central repasa lo que todavía se encuentra presente (en este caso, ya que de pasar más tiempo lo recuperaría de la memoria a largo plazo) en el bucle fonológico (el ruido, el disparo) y en la agenda visoespacial (lo que cree que ha visto). El problema principal es que nuestra mente solo capta partes de la realidad y “como aborrece el vacío” (Fraser, 2012) presupone de acuerdo con su experiencia y conocimientos las partes que faltan para completar lo sucedido.

Caso del video de Fraser
Hay diferentes sistemas de medición cuando una persona presta testimonio: 1) preguntas cerradas (sí o no = muchos errores), 2) preguntas cognitivas (encaminadas a propiciar que el testigo recuerde por sí mismo y por evocación lo sucedido sin influirle), 3) hipnosis (poco usado y resultados pobres).
Desconocemos qué tipo de entrevista hicieron los testigos. La prueba se basó en la identificación facial por fotografía. Una única ronda fotográfica con diez rostros en una misma hoja. Diez rostros presentados al mismo tiempo. La única salvedad es que los testigos lo hicieron por separado (aunque nada impedía que hablaran después entre ellos).

El reconocimiento facial conlleva la sensación de familiaridad hacia una persona. La identificación implicaría el renocimiento de ese rostro y relacionarlo con algún lugar o suceso. Ello representa recobrar de la memoria una representación icónica aproximada de ella y además poderla describir verbalmente.

El caso que nos comenta Scott Fraser adolece de todos los defectos atribuibles al sistema judicial estadounidense, con el que estamos bastante familiarizados por el abundante material cinematográfico y televisivo que está a nuestra disposición: películas, series, documentales, juicios reales (p.e. O.J. Simpson), en el que hay una clara discriminación y presunción de culpabilidad en personas que pertenecen a ciertos colectivos sociales: hispanos, afroamericanos, asiáticos, musulmanes, etc.

Al parecer el crimen del que se nos habla sucede en un barrio conflictivo. El chico identificado como culpable tiene la mala suerte de vivir cerca del crimen y ser hispano. No se explica que haya otros motivos para su detención. Su foto es incluida en una composición de un total de diez rostros, todos ellos con mal aspecto personal siendo, además, muy deficiente la calidad de las imágenes (han pasado muchos años, quizá se han deteriorado las fotos). De hecho, la única foto que se conserva en buen estado es la del acusado. Ello puede influir en la sensación de que su rostro nos parezca más asequible.

Desde luego, una ronda de identificación por fotografía para incriminar a una persona de un crimen con una prisión tan larga es a todas luces insuficiente. Se desestiman todos los datos complementarios de comprobación de situación y circunstancias que los testigos han afirmado conocer (mal) : físicas (distancia, luz) y psicológicas (intensa emoción, miedo, edad del testigo, circunstancias personales, intimidación por pistola –focalización visual en el arma-).

Dentro de las medidas a mejorar dentros de los procesos de identificación de una persona (al parecer ya se está haciendo) es la consideración de que las personas tienen a confundir las caras de étnias con las que no están familiarizados, lo que que llama “el efecto de otra raza” (Eysenck,  2015,p.399)

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A modo de conclusión sobre el tema de (quizá un poco fuera de él), me gustaría añadir una reflexión personal sobre este contenido tan interesante. Desde hace muchas décadas tanto el cine como la televisión han mostrado casos elocuentes de falsos recuerdos y testimonios no fiables. Por ejemplo: “Falso culpable” (A. Hitchcock, 1956) o “Doce hombres sin piedad” (S. Lumet, 1957) con lo que el público, además de los profesionales, han podido constatar la poca solvencia de los testigos presenciales. Sin embargo, esta concienciación y pruebas científicas no han servido para modificar el sistema judicial estadounidense (o el de cualquier país), seguramente por comodidad (“o por la tradicional enemistad ciencia-justicia en Estados Unidos” Fraser, 2012). El caso planteado por el psicólogo forense Scott Fraser nos muestra cómo un científico (dentro de una organización a tal efecto) consigue que se revise un juicio y se cuestionen las declaraciones de los testigos y se exculpe al acusado. Lamentablemente esos casos son pocos y debería ser una práctica más habitual. Es posible que fuera necesaria la presencia de un psicólogo especializado (no solo como asesor), junto con el abogado en los juicios basados en pruebas circunstanciales y testimonios. En cambio y hay que mencionarlo, lo que sí ha supuesto una revolución en la revisión de casos es la prueba de ADN (Eysenck, 2015,p.381). Ver por ejemplo el caso (entre otros muchos) del estadounidense Kirk Bloodsworth (BBC, 2013).

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Bibliografía
Sáiz Roca, D. (2008) Módulo 1 “Aspectos conceptuales y metodológicos
Fuente Arnanz, J. y Pousada Fernández, Modesta (2008) Módulo 2 “Los sistemas de la memoria
v.v.a.a. (2008) Módulo 6, “Aplicaciones de la psicología de la memoria” : apartado sobre “Memoria y testimonio”
Material complementario:
Baddeley, A. D., Eysenck, M. D. y Andersen, M. C. (2009/2015). Memory. New York: Psychology Press. Traducción en: Baddeley, A. D., Eysenck, M. N. y Anderson, M. C. (2018). Memoria. Madrid: Alianza. 2ª ed.
Ruiz-Vargas, J.M. (2010). Manual de psicología de la memoria. Madrid: Síntesis.
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(este es un extracto de un trabajo que presenté con propósitos académicos en oct. de 2018)
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A continuación un video: Elizabeth Loftus: The Fiction of Memory, Publicado el 24 sept. 2013, 18 min. Solo en inglés.


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